Su origen y recorrido

 

 

El origen de la atención centrada en la persona se atribuye a la psicología humanística, concretamente a Carls Rogers y a su Terapia Centrada en el cliente.

 


Las principales aportaciones del enfoque humanista son: el interés por centrarse en la persona y en el significado que ésta otorga a su propia experiencia; la dignidad de la persona como valor central; la atención a las características específicamente humanas como la capacidad de decidir, la creatividad o la necesidad de autorrealización; el interés en el desarrollo pleno del potencial inherente a cada persona; y idea de la persona tanto en relación a cómo se descubre a sí misma, como en su interdependencia con los otros (individuos y grupos).

 


Las aportaciones de Rogers han sido trasladadas, aunque con diferentes matices, a otros ámbitos de atención donde los profesionales mantienen relaciones de ayuda hacia otros. En el ámbito educativo donde se hace mención a la educación centrada en el alumno/a. En el campo de la salud y la medicina donde se habla de la salud o la medicina centrada en la paciente.

 


En la atención a personas con discapacidades se viene utilizando el término de la Planificación Centrada en la Persona. Su objetivo principal es dar apoyos para que las personas con discapacidad puedan tener control sobre su vida y ésta se desarrolle desde la normalización e inclusión social.

 


En la atención a las personas mayores también hay exitosas aplicaciones de este modelo en el ámbito internacional. Cabe destacar:

 

El Modelo Housing, en los que, entre otras, se enmarcan iniciativas como la Unidades de convivencia de la Red Salmón, la alternativa Eden o las Green Houses.

 

Las aportaciones de la atención centrada en las personas con demencia, formulada por Tom Kitwood y desarrollada por los componentes del grupo de demencias de la Universidad de Bradford (Bradford Dementia Group).

 


 

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